Los coches conectados pueden comunicarse por redes celulares, Wi-Fi, Bluetooth o satélite. Fuente de la foto: Alliance for Automotive Innovation

Los constructores piden a EE. UU. prohibir de forma permanente los coches conectados de China

La principal organización de la industria del automóvil de Estados Unidos pide al Congreso que apruebe, antes del final de la legislatura actual, una prohibición permanente de la venta, la importación y la fabricación de automóviles conectados, hardware y software asociados a China.

La solicitud fue enviada el 3 de septiembre de 2026 por Alliance for Automotive Innovation a la dirección de la Cámara de Representantes y del Senado. La organización representa a constructores que fabrican la mayoría de los coches vendidos en EE. UU., y también a proveedores de componentes, baterías y semiconductores.

El paso no significa que una nueva prohibición haya entrado ya en vigor. La industria apoya el proyecto bipartidista Connected Vehicle Security Act of 2026, registrado en el Senado como S.4429. La iniciativa fue presentada por los senadores Bernie Moreno y Elissa Slotkin y salió en julio, con voto unánime, del Comité de Comercio del Senado. Para convertirse en ley, el proyecto debe seguir el proceso legislativo y ser promulgado.

Qué quiere prohibir el proyecto

El título oficial de S.4429 describe una prohibición de importar, fabricar, vender, revender o introducir en el comercio interestatal vehículos conectados y tecnologías asociadas que tengan vínculos con adversarios extranjeros de EE. UU.

En su comunicación, Alliance for Automotive Innovation pone el acento en China y pide que las restricciones cubran tres categorías:

  • vehículos conectados producidos por empresas afectadas;
  • el software que asegura la conectividad o las funciones de conducción automatizada;
  • los componentes de hardware por los que el coche se comunica con el exterior.

El texto legislativo pretende consolidar la regla existente del Departamento de Comercio y reducir la posibilidad de que se modifique después solo mediante una decisión administrativa.

EE. UU. ya tiene restricciones, aplicadas por etapas

La Oficina de Industria y Seguridad del Departamento de Comercio, conocida por la sigla BIS, adoptó en enero de 2025 una regla para los vehículos y las tecnologías conectadas que tienen un vínculo suficiente con China o Rusia. La regla está en vigor desde el 17 de marzo de 2025, pero sus prohibiciones están programadas de forma gradual.

Medida Momento de aplicación
Prohibición de vender coches conectados por parte de fabricantes controlados por China o Rusia o bajo su jurisdicción Año-modelo 2027
Prohibición de importar o vender coches que usen software conectado o software de conducción automatizada procedente de entidades afectadas Año-modelo 2027
Prohibición de importar hardware de conectividad procedente de entidades afectadas Año-modelo 2030; 1 de enero de 2029 para componentes sin año-modelo

La regla actual permite autorizaciones generales para ciertas situaciones de riesgo reducido y autorizaciones individuales para transacciones que, en condiciones normales, estarían prohibidas. Precisamente el carácter administrativo y esos mecanismos de autorización explican por qué la industria pide ahora una solución legislativa permanente.

Qué es, de hecho, un coche conectado

El término no se refiere solo a robotaxis o a vehículos completamente autónomos. BIS define el sistema de conectividad del coche mediante componentes como la unidad telemática y los módulos Bluetooth, celulares, Wi-Fi o por satélite. En el ámbito de la regla entra también el software de los sistemas de conducción automatizada.

Estas tecnologías pueden transmitir la posición del coche, información sobre el funcionamiento y datos generados por el usuario, recibir actualizaciones a distancia y comunicarse con aplicaciones o servicios externos. Las autoridades estadounidenses consideran que el acceso no autorizado a esos sistemas podría permitir la recogida de datos sensibles o, en ciertas condiciones, la manipulación remota del automóvil.

Esa es la evaluación de riesgo en la que se basa la política de EE. UU. La simple presencia de una conexión a internet no demuestra que un automóvil concreto transmita datos a un gobierno extranjero; la restricción parte del origen y el control del fabricante, del software o de los componentes, no de la constatación de un incidente para cada modelo.

Seguridad nacional, pero también protección de la industria

John Bozzella, presidente de Alliance for Automotive Innovation, sostiene que los automóviles chinos subvencionados ganan cuota de mercado en Europa, Australia, el sudeste asiático, México y Sudamérica. La organización describe la situación tanto como un riesgo para los datos y la seguridad como una amenaza para la producción y los empleos de la industria estadounidense.

Estas afirmaciones representan la posición de la organización de lobby. El efecto económico del proyecto es, no obstante, claro: además del filtro de ciberseguridad, una prohibición legal elevaría una barrera muy difícil de superar para los constructores chinos que intentaran entrar en el mercado estadounidense, incluso mediante producción local o asociaciones.

El apoyo a la iniciativa no procede solo de los constructores estadounidenses. La lista de miembros de Alliance for Automotive Innovation incluye empresas de EE. UU., Europa, Japón y Corea del Sur, como Ford, General Motors, BMW, Mercedes-Benz, Volkswagen, Toyota, Honda, Hyundai, Kia y Stellantis. El comunicado se emite, sin embargo, en nombre de la asociación y no debe interpretarse automáticamente como una declaración individual idéntica de cada miembro.

Qué puede cambiar para fabricantes y proveedores

Si S.4429 se convierte en ley en la forma perseguida por los iniciadores, los constructores que venden en Estados Unidos deberán demostrar con más rigor de dónde proceden los módulos de comunicación y el código de software integrado en los coches. En la práctica, eso puede llevar a:

  • sustituir a algunos proveedores chinos de hardware o software;
  • verificar la estructura de propiedad de proveedores y socios;
  • desarrollar configuraciones técnicas distintas para EE. UU. y para el resto de mercados;
  • costes adicionales de conformidad y certificación.

El impacto exacto depende del texto final aprobado por el Congreso. Las enmiendas pueden modificar las definiciones, los umbrales de participación en el capital, las excepciones y el calendario de aplicación.

¿Tiene esta medida efecto en Rumanía?

No de forma directa. Una ley estadounidense se aplica al mercado de Estados Unidos, y los automóviles chinos pueden seguir vendiéndose en Rumanía si respetan las normas de homologación, seguridad, protección de datos y ciberseguridad de la Unión Europea.

Los efectos indirectos pueden aparecer en la cadena de suministro. Un grupo automovilístico presente tanto en Europa como en EE. UU. puede decidir usar proveedores distintos, separar las plataformas de software o eliminar ciertos componentes de todos los modelos para simplificar la producción. Por eso, la disputa estadounidense va más allá del acceso de las marcas chinas a un solo mercado: puede influir en la arquitectura técnica de los futuros coches globales.

Fuentes