Si busca pasar a un eléctrico puro con poca fricción, el Kia Soul EV es una opción razonable.
Esta vez la vida es más difícil para el Soul EV. En su primera generación era uno de los pocos eléctricos a la venta. Sigue con un diseño distintivo y una autonomía WLTP combinada de unos 450 km, pero ahora compite con toda una flota de urbanos eléctricos: Hyundai Kona Electric, Peugeot e-2008, Nissan Leaf, Volkswagen ID.3 y más en camino.
El Soul EV comparte gran parte del tren motriz eléctrico con el primer Kia e-Niro. Ese modelo ya fue sustituido, pero sigue siendo un buen EV.
Por fuera no se adivina la relación: el Soul EV se ve totalmente distinto. Capó alto, faros LED y techo caído hacen que el e-Niro parezca soso. El Soul llama más la atención.
En el interior las diferencias son menores. Detalles en puertas, luz ambiental multicolor y selector circular lo distinguen de otros Kia, aunque el mar de plástico oscuro resulta algo monótono. La calidad de montaje es buena.
Si necesita maletero grande, el e-Niro más espacioso encaja mejor. El Soul ofrece mucho espacio delante y dos adultos van bien atrás, pero el maletero es más pequeño y de forma menos práctica.
La batería de 64 kWh carga de vacío a lleno en unas 10,5 h con wallbox de 7 kW en casa. En DC de 50 kW, del 10 al 80 % tarda poco más de una hora.
En autonomía, unos 450 km WLTP combinados superan en papel a casi todas las alternativas. En la realidad baja si abusa de la aceleración en ciudad. En carretera secundaria el empuje instantáneo ayuda al adelantamiento, aunque la dirección ligera no invita a ir rápido: mejor ir relajado, disfrutar del confort y cuidar la autonomía. Igual en autopista, donde el Soul es un lugar tranquilo a velocidad de crucero.
Si puede prescindir de un maletero enorme y le gusta el aspecto, el Soul EV facilita el cambio. Es suave, silencioso y fácil de conducir, pero rápido cuando hace falta; a velocidad sostenida en autopista la batería cae antes.
Delante hay mucho espacio para piernas, cabeza y hombros, incluso para conductores muy altos. Los asientos se regulan ampliamente y están bastante altos, así que entrar es sencillo.
Hay buen almacenaje: huecos en puertas, espacio bajo el reposabrazos, dos portavasos, bandeja para el móvil delante del selector y una guantera decente.
El interior no es tan audaz como el exterior. Formas circulares aportan interés, pero salvo algunos acentos plateados el esquema de color es muy oscuro. Los cristales dejan pasar luz. Botones y superficies se sienten de calidad; abajo queda plástico más barato.
Una pantalla táctil de 10,3 pulgadas gestiona el infoentretenimiento. El sistema Kia es capaz, con navegación conectada (tráfico en vivo, plazas de aparcamiento, puntos negros), DAB y Bluetooth. La pantalla responde bien; también Apple CarPlay y Android Auto.
El equipamiento de serie es amplio: climatizador, asientos y volante de piel calefactados, audio Harman/Kardon, control de crucero adaptativo, sensores traseros y cámara de marcha atrás. Casi no hay opciones aparte de vinilos decorativos.



